Ya he llegado
Pues ya estoy aquí. Hoy, 21 de enero, justo a la 1,24 am, me he asomado a la puerta del mundo. Y estaban para recibirme mis papis, mis abuelos y la Gordi. Pili y Dimitry se acababan de marchar porque tenían que levantarse temprano para trabajar. Llevaban desde las 19,30 esperando a que saliera, pero yo me resistía. Más que resistirme, es que no cabía por el laberíntico cuerpo de mi mami. Me había quedado atascada en su pelvis y no había forma de salir de allí. Y así estuve desde las 9,30 de la mañana hasta la 1,24 de la madrugada. Todo un maratón de contracciones.
Aunque hay que decir que intenté ser considerada con mis papis. Yo ya tenía ganas de salir la noche anterior, sobre las 3 de la madrugada pero sabía que todo el mundo dormía plácidamente y me aguanté las ganas. Me relajé y seguí flotando sobre el líquido amniótico. Por la mañana, nada más levantarse mi mamí, le dí mi primer aviso, más que nada para que se lo dijese a papi. Y ahí empezó la revolución.
Cuando mi mami sintió mis primeros empujones fuertes y descubrió que sangraba todo el operativo se puso en marcha. Mi papi llamó a la oficina para decir que no contasen con él ese día, que iba a ser papá. Mis dos abuelas iban pasillo arriba, pasillo abajo dando su opinión sobre lo que se debía hacer. Las dos se miraban a los ojos e intentaban explicarse lo que pasaba por sus mentes. Pero había un problema. No se entendían. Mi abuela materna es de Valencia y habla castellano y chapurrea el valenciano y un poco de segorbino (el idioma particular del pueblo de mi padre). Mis abuelos son ingleses, bueno, mi abuela es escocesa y mi abuelo inglés. Ellos sólo hablan inglés y con un acento cerradísimo, como los actores de ‘Arriba y Abajo’ o ‘Retorno a Brideshead’.
Así que mis dos abuelas hablaban sin parar y seguían sin entenderse. Tras media hora de erosionar las baldosas del pasillo descubrieron que lo que sí funcionaban eran sus ojos. Los abrían como platos para expresar su sorpresa y nerviosismo antes mi llegada. Señalaban con ellos al cuarto de baño donde se habían escondido mis papis para debatir con tranquilida qué es lo que debían hacer. Y finalmente los abrían y cerraban rápidamente cuando oyeron a mi papi hablar con la clínica desde su mòvil. El único tranquilo era mi abuelo. Estaba sentado en el comedor esperando a ser movilizado en cuanto se le llamase. El pobre, se había roto el músculo de la rodilla y estaba un poco cojo, así que prefería reservar sus fuerzas.
Mi padre salió del baño y dijo que había que ir a la clínica. Pero … ¡alto! Irían ellos dos solos. Si finalmente mi mami se quedaba ingresada les llamarían para avisarles. Y así os dejo por ahora, con la intriga del parto. Mañana sigo.
Aunque hay que decir que intenté ser considerada con mis papis. Yo ya tenía ganas de salir la noche anterior, sobre las 3 de la madrugada pero sabía que todo el mundo dormía plácidamente y me aguanté las ganas. Me relajé y seguí flotando sobre el líquido amniótico. Por la mañana, nada más levantarse mi mamí, le dí mi primer aviso, más que nada para que se lo dijese a papi. Y ahí empezó la revolución.
Cuando mi mami sintió mis primeros empujones fuertes y descubrió que sangraba todo el operativo se puso en marcha. Mi papi llamó a la oficina para decir que no contasen con él ese día, que iba a ser papá. Mis dos abuelas iban pasillo arriba, pasillo abajo dando su opinión sobre lo que se debía hacer. Las dos se miraban a los ojos e intentaban explicarse lo que pasaba por sus mentes. Pero había un problema. No se entendían. Mi abuela materna es de Valencia y habla castellano y chapurrea el valenciano y un poco de segorbino (el idioma particular del pueblo de mi padre). Mis abuelos son ingleses, bueno, mi abuela es escocesa y mi abuelo inglés. Ellos sólo hablan inglés y con un acento cerradísimo, como los actores de ‘Arriba y Abajo’ o ‘Retorno a Brideshead’.
Así que mis dos abuelas hablaban sin parar y seguían sin entenderse. Tras media hora de erosionar las baldosas del pasillo descubrieron que lo que sí funcionaban eran sus ojos. Los abrían como platos para expresar su sorpresa y nerviosismo antes mi llegada. Señalaban con ellos al cuarto de baño donde se habían escondido mis papis para debatir con tranquilida qué es lo que debían hacer. Y finalmente los abrían y cerraban rápidamente cuando oyeron a mi papi hablar con la clínica desde su mòvil. El único tranquilo era mi abuelo. Estaba sentado en el comedor esperando a ser movilizado en cuanto se le llamase. El pobre, se había roto el músculo de la rodilla y estaba un poco cojo, así que prefería reservar sus fuerzas.
Mi padre salió del baño y dijo que había que ir a la clínica. Pero … ¡alto! Irían ellos dos solos. Si finalmente mi mami se quedaba ingresada les llamarían para avisarles. Y así os dejo por ahora, con la intriga del parto. Mañana sigo.

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